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jueves, junio 2

Esencia de poder


Lo vio tirado en el suelo y le dio un puntapié grácil. Lo justo para comprobar que ponía lo que ella suponía que ponía. Era un bote, roto, de Allure de Chanel.

El perfume que estuvo anhelando durante años cuando era una adolescente soñadora. Cuando dormía con un cuaderno y una estilográfica debajo de la cama. Por si las musas la sacaban del sueño. Era el mismo perfume que quería llevar puesto a cada entrevista en las editoriales que la rechazaban una y otra vez.

Era el mismo perfume que ella almacenaba compulsivamente en el armarito del baño, ahora. Ahora que sí era recibida con todos los honores en las editoriales. Ahora que le hablaban de usted las mismas secretarias que le decían: a ver, ¿tú sabes cuántas como tú vienen a traer aquí portafolios con cuatro ocurrencias? Ahora que le publicaban cualquier "ocurrencia" tras el pelotazo de lo que ella consideraba lo peor que había escrito en su vida.
Ahora, que tenía todo el encanto, todas las ventas, todo el beneplácito de la crítica. Ahora que firmaba libros.
Ahora que había llegado a ese sitio inaccesible... Decidió rescatar del suelo ese bote. Lo tuvo entre sus manos con delicadeza y observó sus heridas, sus aristas punzantes... y le recordó a ella misma, en el pasado. Y decidió que no quería estar así en el futuro.
Sonrió. Vinieron las musas. Agarró fuertemente el bote en su mano derecha e hizo incidir la arista más punzante en su brazo izquierdo labrando un corte limpio, serpenteante.
Nunca iba a caer del pedestal que había logrado alcanzar.


jueves, abril 28

El Secreto de Dánae en la Antártida


- Vamos a ver... ¿recordamos lo que vimos en clase sobre las plantas? Las plantas necesitan...
- Sol, agua y sales minerales!!! - canturreó el pequeño tal como le había enseñado su "seño" en clase.
- Muy bien Pablito. Qué bien se te está dando este tema de Cono, eh campeón?

Esa buena maestra estaba asombrada con la pericia vegetal que tenía este pequeño que iba a trompicones por la senda educativa. No podía imaginar una razón objetiva por la cual se hubiese despertado su interés por las plantas. Era un tema complicado: fotosíntesis, CO2, oxígeno, raíces, savias,...
Pero su asombro se acrecentó cuando vio la manera en la que la semillita de Pablito crecía más que las del resto de sus compañeros. Cuando allí, en el campo de batalla, enfrentándose a la tierra, a las raíces en vivo y en directo, trasplantaba su macetita mejor que cualquier otro. Con una sensibilidad innata. ¿Cómo podía el hijo de ese broker enganchado a gélidas cifras del Ibex 35 y de esa mujer extrañamente ajena a todo, que resolvía sus grandes problemas yendo de compras a las tiendas de las grandes firmas, tener esa sensibilidad con las plantas, ese interés desbordado por todo ese mundo vegetal y, para él, casi mágico?

Las dudas de esta maestra joven, inexperta pero con ese tesón que le hacía la mejor de las maestras, no se resolverán porque hay escondrijos en las personas que hacen verdaderamente inexplicables algunas situaciones.
¿Cómo va imaginar esa muchacha que la razón de esa sensibilidad, de esa dulzura vegetal de Pablito, no es otra que los genes? ¿Cómo va imaginar que esa mujer en medio de la Antártida de su matrimonio fue, por un instante, una Dánae terriblemente feliz en los brazos de un pobre jardinero?

martes, diciembre 14

Estilos de Vida

Probablemente tendrá ya un piso. Por aquel entonces tenía trabajo estable, coche...
Yo sólo soy una pobre ilusa con años a las espaldas y las alforjas llenas de sueños.

jueves, septiembre 9

La hora de las siluetas

Faltan unos minutos para que amanezca y el paisaje infinito y ayer colmado de detalles no es más que un decorado de contrapuestos cartones. De siluetas inmoviles cruzadas por los los fríos cables de alta tensión. Las luces tintinean -cada minuto menos poderosas, luchando inútilmente contra un sol naciente pero omnipotente, que vuelve a dotar de gloria a los cartones, teñidos de gris hace apenas unos minutos-.
Como si se tratase de un impresionista francés, va coloreando, con sus rayos magistrales, en detrimento de esos danzarines puntos de color en los que son convertidos los burgos al caer la noche.

martes, junio 29

Solsticio de Verano


Y estaba allí, a la orilla del piélago. Habían pasado ya 4 meses: ese incierto mes de invierno, de lluvia sobre el cristal; la frondosa primavera, al completo, certera, dulce, que nos ha traido hasta el día de hoy. Hasta este mar donde el abrazo se hace infinito bajo este tapiz bordado de estelas. El mejor techo en que nos hayamos guarecido amando.

Estaba allí y era el día. Desde tiempos ancestrales. Del fuego y de la magia. De la luna llena. Era el día.

Y el fuego, la magia, se siente o no se siente.

El completarse, como la luna llena, sucede o no sucede.

Y te siento.

Ha sucedido.

martes, mayo 11

Cuestión de Perspectiva

Me estaba viendo, sin máscaras ni artificios, sentado en su rincón. Con una perspectiva que me hacía magnánima en mi desnudez. Le asustaba. Y a mí me asustaba su miedo, no lo entendía...

Corrí hacía el palacio nuevamente, para buscarlo, atravesándo páramos y superando espejismos. Ahora era yo la asustada: las cenicientas y los relojes no nos llevamos bien y esta vez podía ser demasiado tarde... Había demasiada gente, demasiada confusión y no logré verlo. Contra todo pronóstico me tendió su mano, y allí, mirándonos a los ojos, no había grandes ni pequeños. Magnánimo o lumpen.



El miedo era, sólamente, cuestión de perspectivas... porque el valor del alma, del amor, no entiende de heráldica.

domingo, abril 18

Sin azucarar


Simplemente me vio. Y vi como me veía. Esperé con esa sonrisa interior que crece cuando te gusta gustar. Llegó y extrañamente no lo embauqué con mis discursos prefabricados. Tampoco lo espanté con mi repertorio de excusas cáusticas. Simplemente fui lo que por suerte o por desgracia no puedo dejar de ser: esa cenicienta que zapatos en mano sale del palacio de la vanidad y el sonido.


miércoles, marzo 3

Mudanzas


Es muy triste ver que tu vida se reduce a cajas... meras cajas llenas de cosas, el 90% prescindibles. A una montaña de zapatos. Es muy triste ver que cuando se han llevado las cosas que tienen utilidad (menaje, sábanas, electrodomésticos o incluso el marujil carrito de la compra) no te quedan más que recuerdos vacíos ya de significado alguno. O con un significado cruento, retorcido: el desamor, que no es más que el sentimiento más visceral, más egoísta y más anti-amor. Pero prefiero sentirme egoísta y repugnantemente malvada que ser un objeto a tu disposición. Porque ahora no es el momento de elegir entre ser tu amiga o tu mitad. Alimentaste mi ilusión recorriendo mis lugares más secretos e inexplorados, acompañándome en cada trance, organizando eventos que me daban un lugar en tu vida, para luego dejarme en un rincón sucio y hacerme sentir culpable por cada ocasión que salía del rincón sucio a respirar, a sentirme menos inútil, menos fea, menos....
Y ahora te sorprende mi rabia a contratiempo...! No te preocupes, sólo me has perdido en una mudanza cual calcetín raído.


jueves, noviembre 5

El mito de la Caverna


Y de repente me topé con una pared. ¿Una pared? Pero si el mundo no tiene paredes... Pero aquello era un pared rugosa, árida y fría. Cuando me quise dar cuenta y mirar a mi alrededor me percaté de que lo que yo concebía como el mundo no era más que un holograma en una cueva. No puede más que sentarme y llorar, llorar y llorar. De decepción, de pena, de frustración. ¡Tantas energías gastadas en vano, en una simple cavernucha con pretensiones de mundo!
En medio de tan histriónica escena surgió, de la nada, un genio. ¿Un genio? Sí, un genio. Yo creo que deliraba...
- Niña, deja el llanto y dime lo que deseas, salvo explicaciones. Dime lo que deseas para tí, de tí, no del mundo y por el mundo, porque como te habrás dado cuenta es sólo una caverna. - me dijo con una voz de padre nada consentidor y mucho menos asertivo.

- Yo..., yo... no sé lo que quiero- mascullé mientras empezaba mi autoanálisis.-

El genio levantó una ceja y clavo sus ojos en mis ojos, helando mi carne y avivando mi mente.

- Yo quiero ser tan inteligente como los demás creen que soy. Quiero ser tan coherente como parecen mis palabras. Quiero ser capaz de ejecutar lo que pienso. Quiero dejar de mentirme, dejar de mentirles. Quiero ser valiente de verdad. Quiero dejar de aniquilarme con cada uno de sus actos. Quiero que pare esta hiperactividad en mi amígdala. Quiero sentir y transmitirlo. Quiero que las musas no vengan sólo cuando escribo, sino cuando actúo. Quiero ser diplomática, tener tacto. Quiero dejar de esconderme detrás de una aparente vida sencilla cuando yo jamás seré sencilla. Quiero ser yo y no un personaje de este holograma podrido. Quiero ser feliz.

Y entonces explotó la cueva y salté por los aires. Y vi el mundo de nuevo. Espero que esta vez, sí sea el mundo y no que la onda expansiva me haya llevado a otra cueva.
Caminaré hasta el infinito. Sin cansarme y ojalá no encuentre más paredes que me digan que es simplemente una caverna, porque un mundo de verdad no tiene límites.

lunes, agosto 10

Es tan sólo una señal


Esa precipitada caída por las escaleras sólo era una señal. Pero yo, incrédula e insensata, me puse en pie y seguí mi camino. Recibí la segunda señal cuando no encontraba mi maldito teléfono móvil. Pero yo, incrédula, insensata y desmemoriada, seguí mi camino. Yo no me había dado cuenta de que eran eso, señales, pero el destino aceptó mi reto. Contra todo pronóstico, llegué. Donde la sierra tiene otra cara, desde donde se ve de otra manera. Llegué al sitio donde la lógica no cala a través de su superficial piel plástica. Y perdí el reto -sin saberlo- más el 50% de propina.

miércoles, agosto 5

Esto no debería haber pasado


La luz se colaba ya por las rendijas de la persiana y le hizo abrir los ojos. ¿Qué habitación era est…? Vale, bien… Rodrigo.

Ciertamente. Allí estaba y aún con esa perspectiva etílica que le dieron los mojitos de la noche anterior, se veía perfecto en su desnudez. Dios mío, esto había pasado de castaño a oscuro. Había dormido con él. Y aunque pudiese parecer una cosa normal -dormir en la casa alguien después de una noche de copas- para ella, a sus 25 años tenía un significado mayor. Un significado que hizo que empezara a funcionar el engranaje que formaban su conciencia y su pensamiento. Buscaba su ropa interior. Estaba desperdigada por toda la maldita habitación. Se sentó en el borde de la cama. Respiró profundo para no llorar, porque el engranaje mental no hacía más que torturarla. Es cierto, tener novio y acostarse con alguien es más que reprochable, pero… ¿Que tu novio te ningunee no lo es? ¿Que sólo seas su chequera no lo es también? Maldita sea, es día 15 y no tiene un duro en la cuenta corriente… pero eso es lo de menos. El dinero se gana y se pierde y se vuelve a ganar pero cada día que te come la desidia no tiene precio. Cada mala contestación, cada desprecio, cada rechazo. Dos años, tres meses y dos semanas. Ochocientos cuatro días y sólo una mano de recuerdos memorables. Las lágrimas empañaron sus ojos de océano. Ahora no podía llorar, ¡joder! Lo iba a despertar. Es que no tendría que haber pasado todo esto, era ya la séptima vez que se acostaba con Rodrigo y ambos se llevaban prometiendo que no se volvería a repetir. Desde la primera vez.

Lo iba a dejar. Lo había decidido. Se iba a poner esas condenadas bragas y lo iba a dejar. Y no lo iba a dejar porque ella fuese una infiel, no va a colgarse la letra escarlata. Eso se terminaba porque la verdadera infidelidad no era una noche de sexo sino dos años de acritud. Porque la ultrajada era ella y se acabó. Porque lo que no debía haber pasado no eran sus encuentros con Rodrigo sino los ochocientos cuatro días que había pasado con él. Porque una historia vacía y superficial de sexo era lo que le daba sentido a toda su existencia.

viernes, febrero 13

Kamikaze

Lleva alrededor de su cintura kilos de explosivos. Pero entre todas esas personas es una más. Nadie podría decir que esos ojos café, vivos, ilusionados van a arrasar con todo su alrededor. Da un paso más y escucha su corazón - tiene el mismo compás que el temporizador que va a hacerlo estallar todo-. ¿Acaso es su corazón ese detonador, ese temporizador?
Tres,
dos,
uno...
.....Baaaaaaaaaaang....


Quién podría decir que ese chica tenia alrededor diez kilos de ilusión con otros diez de miedo. Quién iba a saberlo... Quién sabría que iba a hacerlo saltar todo por los aires.



... Y es que a veces no podemos hacer otra cosas que estrellarnos contra nuestros deseos, es que a veces no podemos hacer otra cosa que seguir la ley de nuestra conciencia: incierta, sinuosa, bipolar,...

Morir por tus ansias de vivir.







lunes, febrero 11

15 de Febrero


Sólo tengo el recuerdo del mar.
Un mar gris perla que se fundía con un cielo azul. Ni turquesa ni azul oscuro: puramente azul.
Un mar, un cielo. Un sol que lucha contra ellos por permanecer... Un sol naranja que es tragado por el mar y escupido por el cielo.
La batalla natural que cada 15 de febrero es contemplada por dos desenamorados que están aprendiendo a olvidar.

lunes, diciembre 3

Dos años...

- ¿Cuánto tiempo puede aguantar un cuerpo abierto sin un órgano vital?

- Mientras no se te escape el alma..., una vida. Yo ya llevo dos años. Dos años sin los espasmos de su risa . Y con esas absurdas diálisis que no quiero tomarme con calma, que no me hacen pasar. No quiero pasar, no quiero tomármelo con calma. Me niego a cualquier cosa que no sean sus manos aprentándome fuerte la cara, mirándome firme con sus ojos valientes, diciéndome: "Ni una lágrima, Ana, ni una lágrima".

viernes, noviembre 16

Desaparecida


No desapareció cuando se fue. Ni desapareció porque se fuese. Desapareció cuando yo deje de contestarle a las llamadas, cuando la borré de la lista de mi mail, cuando no quise escuchar el compás de sus tacones. Primero la borré parcialmente, sólo para hacerla desaparecer. Después totalmente para acallar a mi conciencia, para olvidar que la saqué del mundo.


Fue ardua tarea... la condenada no quería desaparecer. Insistía por todas la vías posibles. Se agarraba a la vida de una manera desconocida para mí, con la fuerza de un cataléptico que acaba de abrir los párpados e intenta abrir el ataúd, dejándose los dedos en el intento, consumiendo el poco oxígeno que se conservaba en el cubículo. Hasta la muerte. Por eso quería que desapareciese por su fuerza, por su encanto, por su todo... Pero sobre todo por su fuerza. Por la fuerza de sus miradas, de sus sonrisas, por la vehemencia de sus palabras. Por su 'no' sutil.


Y aunque consciente de que la conciencia no me dejaría vivir lo hice y después la borré de mi mente para seguir llevando esa vida tediosa que ella no llevaría. Pero hoy, me llegó ese extraño SMS y me presenté esa maldita plaza del Despertar, no había nadie, sólo un ángel que presidía esa plaza. Era normal... llegué cinco minutos antes de la hora indicada. Decidí esconderme detrás de un árbol a esperar a mi demandante y entonces apareció ella... En ese cartel, con esa mirada altanera y casi impúdica, con esos labios que provocaban deseo y que dijeron no. Sin moverse, como no me movía yo, pávido e impertérrito a la vez. Lleno de furia por su mirada que me reclamaba por la situación en la que se encontraba y a la vez se reía de mí.


Alguien la buscaba... Y pensar que alguien la hiciese revivir de nuevo, me llenaba aún más de ira. Arranqué aquel absurdo cartel, lo arrugué entre mis manos, lo destrocé con saña pero aún así ella seguiría existiendo en la mente de alguien que supo valorarla y agarrarse a la vida que ella rezumaba. Alguien que supo hacer algo más que envidiarla y odiarla por no haber sido suyo un sólo instante.


martes, septiembre 11

La chica de la maleta roja

Ella sabe mirar al cielo y saber que mañana habrá tormenta. Sabe también que lo mejor en esos casos es salir corriendo. Hoy antes de amanecer lo ha hecho y su taconeo vivaz era ya el sonido de las vías del tren. Y su corazón rojo, como su maleta, marcaba el compás binario de la locomotora.
Miraba la ventanilla y su reflejo se fundía con el paisaje, no llegando a discernir si esas dos lucecitas eran sus ojos o dos farolas a lo lejos. Sus recuerdos también aparecen en escena, formando una extraña trinidad: la misma cosa en tres estados distintos.
Huye de ella misma, siendo consciente de cuando llegue allí y se siente en el palco de estrellas y la brisa del mar le llene los pulmones, mirará hacia su casa que no es más que una filita de luces a lo lejos. Y suspirará, como aquel rey. Y entenderá entonces el coraje de este hombre,¡qué valentía! Huir no es lo más fácil. Pero ella no sólo huye sino que va al encuentro de la mitad de su corazón rojo, como su maleta, que una vez enterró en una playa del Norte del Sur.
Yo admiro a esta mujer, que sabe mirar al cielo con ojos sibilinos, que corre con el compás de un tren, que sabe sonreír como nadie aunque no le guste, aunque su corazón rojo esté en cuidados intensivos. Me encanta escucharla decir "buenos días". Y es que a ella no le gusta ser un eslabón más de la desidia, de esa cadena de mal humor, respuestas secas y ceños fruncidos. Me encanta verla fumar. Parece que ese humo de confusión para ella es una bocanada de aire fresco que le llena la cabeza de ideas, de recuerdos, que va soltando a lo largo de su discurso. Me encanta verla correr...
Ahora me mira, desde lo lejos, en su palco de estrellas. Me regala una de sus sonrisas y me guiña un ojo. Es feliz, vuelve a serlo al otro lado. El humo de su cigarrillo me ha dicho que va a volver. Con la maleta roja, como su corazón, llena de felicidad. Para sonreírse a sí misma como se merece.
Suelto la pluma antes de que descubra que la fotografío con mis palabras. Antes de que descubra que corro detrás de sus zapatos rojos, como su maleta, como su corazón. Esto tiene que parecer casualidad porque para cuando ella se dé cuenta ya habré conseguido parecerme a ella tanto que le sorprenda... Tanto que la merezca. No es sano, lo dice mi psiquiatra, pero es que ¡me gusta tanto...!

miércoles, agosto 29

Un cigarro mojado

A veces uno cree que todo todo va bien y, en realidad le está dando una calada a un cigarro mojado. Mi cigarro no se ha caído a un charco, sólo le ha llovido. Y esas gotas, le han calado dentro. Son casi imperceptibles a la vista pero cuando fumas, las notas. Ahí, dentro, aunque nadie las vea. A veces fumas tranquilamente, con gusto por tu ración de humo y te topas con una de ellas. Una calada de humo sin sabor, un humo que te cala hasta los huesos con su humedad lánguida de día nublado, de cielo que llora. Y la única solución es fumar con avidez, rápido. Cerrando los ojos fuerte. Sentada, en el suelo, con una posición casi fetal, con las rodillas en el pecho. La mano temblorosa sujeta el cigarro y la mente grita: esto no me puede estar pasando a mí.

martes, abril 24

Despedida

Hay días en los que tus sentimientos discuten entre ellos...
Ya le habían ganado a la razón y ahora sólo un sentimiento debía prevalecer en esta controversia matutina que llevaba rumiando durante días:me alegro tantísimo de verte, de estar contigo, de que compartamos nuestras, ahora, distintas realidades. Pero me jode tanto despedirme...
Desde que supe a ciencia cierta que te volvería a ver. Desde antes de saberlo ya tuve esa intuición y me hizo enumerar cada unos de los pasos que di junto a ti. Y los he vuelto a andar todos estos días, con una sonrisa en los labios.
Hoy 8:08 me he despedido de ti, en parte con prisa, para no llegar a asumir del todo que esto no es tan fácil.Para no darle el gusto al cielo de que me viese, como él, llorando porque te vas. Miles y miles de kilómetros de distancia. Si todo fuese tan nimio como que yo fuese hacia Legazpi y tú a Moncloa...

lunes, abril 23

Excedencias

Mi sitio lo ocupan otras, tal vez con el permiso que les otorga mi miedo. Ese miedo que me da el dejarme arrastrar por tus huracanes improvisados, por tu alegría contagiosa, por tu locura comedida. Miedo de que no seas tú el que me arrastre sino yo la que se arrastre contigo. Por eso ellas ocupan mi sitio, no sé si sólo estoy de excedencia o si me voy a retirar y a ceder mi puesto a las interinas para que otros a su vez, ocupen el sitio que tú nunca debiste abandonar.

Límites

Complejidad. Contradicciones. Luces y sombras.Eso y límites es la vida y yo me limito a dejarme llevar por su inercia. A descubrir los rincones inexplicables que jamás habría imaginado,que nunca habría vivido si los hubiese buscado. Me limito a sentir en la cara el viento fresco que me ofrece la velocidad mientras una mano franca agarra fuerte mi palma. Está ahi y aunque no puedo abrir los ojos por la fuerza del destino siento el frío de su mano, el sudor que provocan sus miedos y entonces su sudor es mi sudor y su miedo mi miedo. Somos uno. Una sola imagen en dieciocho espejos rotos que reflejan esa parte de nosotros que queremos ocultar.